Los síntomas son inconfundibles. Después de casi dos semanas de ocio, contemplación, relax y absoluto desinterés en cuestiones que no involucren diversión, comenzó a invadirme una angustia particular. Las últimas tres noches no he podido dormir “de corridito”. Despierto tres o cuatro veces durante la noche, sé que sueño cosas terribles aunque no logro recordar mucho, sudo frío. Durante el día, tengo pensamientos vagos sobre las actividades a ejecutar en cuanto ponga un pie en la oficina. Me parecen tantas que siento como si una avalancha se me viniera aencima. Entonces intento bloquearla, poner una barrera. pero entonces vuelve la angustia.

Definitivamente es el síndrome pre-laboral. En las últimas dos semanas fui feliz, fue como si por un momento el mundo se hubiera detenido (así como gritaba Mafalda:”Paren al mundo que me quiero bajar”). Pero estoy a menos de 12 horas de volver a treparme. A diferencia de otros años, 2009 no augura nada bueno. Analistas, medios impresos y electrónios, economistas, políticos, todos se han encargado de ponernos los pelos de punta. Dicen que este año será tan malo que simplemente sobrevivir parecerá un gran logro.  Así que volver al trabajo, a diferencia de otros años, se perfila como una lucha desigual.  Mi angustia aumenta. 

Pero mañana terminará. El trabajo fecundo me espera.

No hay artículos relacionados