Tal como anticipé en mi post anterior, Susan Boyle no ganó el concurso del mejor talento británico. A pesar de sus muchos fans en la red, las leyes de la televisión –y otros criterios que podemos adivinar– se impusieron. Justo o no, así sucede. Habría que darse a la tarea de investigar cuál fue el efecto YouTube sobre las votaciones de los jueces previo al veredicto final. Mi intuición me sugiere que ejerció una gran influencia positiva, a pesar de no ser definitiva. Tal fue también en el caso de Barack Obama y sus muchos amigos en Facebook o seguidores en Twitter. A nadie le estorba un poco de buzz word  y de marketing viral en la red.   

Así pues, hay quienes  ya están usando Twitter con fines mercadológicos, desde restaurantes ¡hasta candidatos! Ya lo decía en mi anterior post, hablando sobre tres candidatas. Sin embargo, el número de usuarios de Twitter es de unos 19 millones de usuarios a nivel mundial, de acuerdo con el propio sitio. No tenemos cifras concretas de usuarios mexicanos, pero de cualquier forma deben ser apenas un puño en comparación con el número de votantes registrados por el IFE. 

El ejercicio de twittear de cualquier forma nos provee una ventana más para juzgar a los candidatos, darnos una idea de sus actividades diarias y de su capacidad de transmitirlas en forma atractiva. Es una forma de “seguirlos”, literlamente. Yo creo que eso no les hará daño y sí, en cambio, puede generar ese marketing viral que llevó a la Boyle al segundo lugar del concurso de talentos más importante de la Gran Bretaña.

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