Mi noche de los OscaresEl próximo jueves 25 de junio celebramos a “Las 50 más innovadoras de InformationWeek México” con una cena de gala en el Four Seasons de esta capital mexicana. Para mí es lo más parecido a los Oscares, pues asisten los nóminados sin conocer todavía su posición en el ranking, con toda la incertidumbre que ello supone.  Los finalistas llevan vestimenta formal para desfilar por la alfombra roja, acompañados de sus parejas o sus colegas más importantes en la empresa. A su paso por la alfombra, son abordados por nuestra cámara de T.V. (circuito cerrado) y entrevistados por una guapa conductora, mientras todos los ya reunidos en el salón escuchan las nerviosas frases que constituyen su respuesta.  Los fans se amontonan a la entrada para fotografiarlos y la prensa invitada va tomando nota de los acontecimientos.  Es, toda proporción guardada, una noche tan llena de expectación por saber quién ocupará los primeros lugares del listado como la ceremonia de la Academia. Eso sí, mucho más corta y sustanciosa.

  El humilde reconocimiento que hace Netmedia Research a la innovación en los procesos de negocio gracias a la aplicación de las IT, cumple ya ocho años ininterrumpidos. El proceso consiste en el llenado de un formato predefinido, que está disponible en Internet y que no tiene ningún costo para los postulantes del proyecto en cuestión. Los interesados deben documentar sus logros, desafíos, y los beneficios tangibles. Luego, sometemos los proyectos al escrutinio conjunto de un comité editorial con consultores de Ernst & Young. El proceso completo lleva meses de esfuerzo, desde la convocatoria hasta la impresión de la edición de InformationWeek México que publica el listado, pasando claro por la ceremonia de premiación. Es desgastante pero muy satisfactorio.

Cada año hemos procurado introducir novedades y mejoras, y me da mucho orgullo decir que el nivel de participación y la calidad de los proyectos ha ido en aumento o –cuando la situación económica no ha sido propicia-se ha mantenido.

Yo tendré a mi cargo la conducción general de la ceremonia, como ya es costumbre. Encabezar con soltura la ceremonia me ha llevado ocho años y creo que todavía no domino del todo los nervios, ni me atrevo demasiado a improvisar. Espero algún día poder contratar a un Billy Cristal y cederle la estafeta o, de perdida, ser sustituida por las nuevas generaciones de comunicólogos que hoy forman parte de mi organización.  Pero, espere….ahora que lo pienso, me gustan demasiado los reflectores.  Al final, para mí es lo más cercano a una noche de los Oscares que, esa sí, nunca podré conducir.

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