Llevo toda la semana escuchando y leyendo las interpretaciones, opiniones y juicios de cuanto periodista, analista, académico, comentarista y conductor hay en torno a las elecciones del 5 de julio. Como sabe, en México renovamos la cámara de Diputados cada tres años (¡horror!) y a los delegados del Distrito Federal. Yo no pretendo añadir aquí interpetaciones sobre el resultado de las elecciones, sino darle seguimiento a las candidatas que añadieron Twitter a su comunicación durante la campaña (ver http://www.monicamistretta.com/wp-admin/post.php?action=edit&post=622)  ¿La popularidad en ese medio hizo alguna diferencia?

Todo parece indicar que no. Al cierre de las campañas, Guadalupe Loaeza había acumulado unos 1,400 seguidores en Twitter. Como saben, la candidada a diputada del PRD por el Distrito X enmarcado en Miguel Hidalgo, perdió. Su contrincante, Gabriela Cuevas (del PAN), ha sido declarada virtual ganadora y tenía menos de 400 seguidores en Twitter. Por su parte, la candidata a delegada por Miguel Hidalgo, Ana Gabriela Guevara, sumaba más de 1,600 seguidores en Twitter y fue superada por Demetrio Sodi, del PAN, quien promovió su página bigsodi.tv

De acuerdo con la propia Guadalupe Loaeza, la contienda en los medios tradicionales (léase televisión, radio y prensa) fue desleal (http://www.reforma.com/libre/online07/edicionimpresa/default.shtm?seccion=Primera) Podríamos entrar en debate con Loaeza y pedir a los medios mencionados por ella si es verdad que le fueron negados los espacios o que, como ella también denuncia, se favoreció abiertamente a Cuevas en las principales televisoras del país.

Lo que es un hecho es que todavía hoy se puede competir por la atención de la audiencia en forma casi pareja a través de Internet. Y añado el casi porque la sofisticación de los nuevos recursos de video (streaming, compresión, etc.) y las plataformas de publicación y hosting, pueden hacer la diferencia entre una buena y una mala imagen.  Pero con cierta maña y creatividad, sabemos que un buen mensaje vale más que los adornitos de una página Web sobrecargada.  

Así pues, tal como sucedió con el fenómeno Susan Boyle, la realidad de los medios tradicionales se impuso por sobre la popularidad de los nuevos medios on line. No podemos escatimar el poder de la televisión en un país donde la gente no lee y existen poco más de 20 millones de personas con acceso a Internet.

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