Estoy de vacaciones en el país más bello del mundo, aprovechando que mi primogénita se instala aquí con propósitos de estudio (¿por qué yo no fui mi hija?) y desde que salí de México no he estado más de 12 horas desconectada –la duración del vuelo en todo caso–.  La ansiedad de la incomunicación y las ganas de gritarle al mundo que estás pasándola de pocastuercas son más fuertes que la necesidad de bajar el ritmo y disfrutar el ocio. ¿Es éste un nuevo tipo de codepedencia?

Anoche eran las 2 de la madrugada cuando Pía y yo seguíamos armando un “álbum” en Facebook. Ella se tagueaba y de pasada a mi también –todavía no sé si eso es perjudicial–, mientras yo le dictaba los pies de foto. Desde nuestro desembarque, lo primero que hemos hecho es preguntar si está disponible una conexión a Internet. Por fortuna, descarté la contratación del servicio celular mexicano por acá (un asalto en despoblado), lo que nos servía de pretexto para buscar desesperadamente conectarnos con las lap a la red. Nuestro síndrome de abstinencia estaba disfrazado por la necesidad de avisar a la familia que habíamos llegado bien y por justificar el ahorro en llamadas de larga distancia.

Finalmente llegamos al departamento que Pía ocupará los siguientes seis meses (al menos así está planeado).  Una primera y rápida ojeada nos tranquilizó de que habíamos hecho una elección correcta (lo habíamos contratado por Internet, obvio).  Pero en lugar de continuar por la verificación del boiler, la lavadora o la estufa, lo siguiente que fuimos a controlar fue….¡el access point!

Una vez que comprobamos que teníamos velocidad de acceso de primer mundo –¡chulada!–, nos pusimos a chatear con cuanto cristiano estaba despierto a esa hora del otro lado del mundo, Pía actualizó su status en Facebook y yo hice lo propio en Twitter, no sin antes subir una foto que me tomé con el famoso Miguel de Icaza http://tirania.org/blog/ a quien me encontré en el mismo vuelo intereuropeo.  (La foto está disponible en http://twitpic.com/photos/monicami).  Una vez hecho lo anterior, salimos por fin a la calle. ¿A dónde nos dirigimos? Nuestro impulso natural era correr a contratar un celular, pero por fortuna ya no eran horas hábiles, así que no tuvimos más remedio que dirigirnos a una buena pizzeria-ristorante para cenar algo sabroso. De vuelta,  antes de dormir, volvimos a checar los mails, los walls y los comments.

Menos de veinticuatro horas después de instalarnos, ya estábamos ante una dependienta de Vodafone contratando un celular.  Ahora ya no será necesario esperar hasta que lleguemos a casa para subir fotos, a menos que sean las de la cámara digital.

Tenía que contarle todo esto antes de desayunar esta mañana. Mi blog estaba abandonado desde hacía una semana, y la ansiedad me provocó insomnio. Creo que sí, algo anda mal….muy mal.

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