Como es bien sabido por los cuatro lectores de este espacio, ayer fue mi cumpleaños. A últimas fechas,  he comenzado a tomarme más en serio la celebración del día en que llegué al mundo, quizá porque los años nos enseñan a apreciar que la vida “no la tenemos comprada”, quizá porque me gusta sentirme “especial” por un día, a la mejor porque me gusta la pachanga o simplemente por una combinación de todo lo anterior. Sé que habrá gente que piense que es pura vanidad y conozco a más de uno que odia festejarse, lo que me parece un gesto egoísta y quizá aún más vanidoso, porque hay que saber recibir afecto. Así que  me lanzo a reflexionar: ¿qué significa un cumpleaños?

Para mí es un buen momento para hacer una especie de alto en el camino, para pensar en los logros alcanzados y darse una palmadita en la espalda. Me gusta que coincida con el comienzo del año, porque así puedo “amarrar” los buenos propósitos con esos pequeños o grandes triunfos de mi vida (que, dicho sea de paso, es ya más bien larga). También es un pretexto para revisar el status de mis afectos, de saber qué tan bien andan las relaciones con mis seres queridos, mi familia, mis amigos y mi red de contactos. Supongo que si he sido generosa en el dar, recibiré una prueba de ello el día de mi cumpleaños. Si los tuyos se acuerdan de ti y te hacen sentir especial en tu cumpleaños, significa que has sido un buen compañero, amigo, jefe, hermano, hijo o padre.

Gracias a la tecnología, creo que ayer rompí el récord de felicitaciones. Ya sea por mail, Twitter, teléfono, celular, Facebook, SMS o mensajes de voz, recibí al menos un par de decenas de mensajes de personas cercanas y no tanto, de colegas, clientes, proveedores, empleados, amigos lejanos y familiares. Procuré agradecerlos todos, pero por si no lo logré, vaya desde aquí un gran GRACIAS por sus muestras de cariño. De verdad fue un cumpleaños muy especial.

Si la vida no debe tomarse tan en serio, mucho menos a uno mismo. Pero se siente bonito acaparar los reflectores por un rato. Si usted no acostumbra celebrar a los suyos, o cree que no pasa nada si se le olvida llamar a sus conocidos, piénselo de nuevo. Por fortuna, hoy tenemos herramientas que nos recuerdan los cumpleaños, aniversarios y demás fechas simbólicas. Vale la pena hacer el esfuerzo y contriubir a que esa persona se sienta especial.