Hace unos días circulaba a vuelta de rueda –qué extraño– por el periférico. Comencé a escuchar la insistente e inconfundible sirena de una patrulla a mis espaldas. Miré por el retrovisor: los conductores no se inmutaban y quienes tenían la cortesía de abrirle paso, lo hacían perezosamente. Yo comencé a avanzar haciendo zigzags, por lo que iba más aprisa que la mentada patrulla. Cuando por fin me alcanzó, hice lo propio: me tomé mi tiempo para dejarle el paso. Y entonces me pregunté: ¿Por qué? ¿Por qué no quiero ayudar a unos policías?

Creo que la respuesta se encuentra en mis (pocos) enfrentamientos con la “autoridad”, casi todos en torno a faltas menores de tránsito –o de dudoso criterio– y en las que siempre hubo extorsión. Cuando tuve que solicitar mi licencia de manejo, a principios de los 80, me propuse no caer en el soborno. Lo logré a medias. Pasé todos los exámenes, que en aquella época incluían uno escrito del Reglamento de tránsito, pero me dijeron que no estaba aprobada…claro, con tal de sacarme dinero. No lo lograron; sin embargo, tuve que hacer uso de mis “influencias”: saqué mi charola de periodista, que en esas fechas abría muchas puertas y daba algunos privilegios. Desde entonces desconfío de toda autoridad, especialmente de la policía. Pienso que son delincuentes con licencia, que tienen permiso de detenerte por cualquier motivo y si no lo haces pueden usar su arma legalmente contra ti. En cambio, puedes tratar de huir de los malos y, en caso dado, defenderte (con piedras, palos, dientes o lo que sea).

Basta ver el caso de las indígenas queretanas, Teresa González Cornelio y Alberta Alcántara Juan que junto con Jacinta Francisco Marcial fueron acusadas de haber secuestrado a seis elementos de la desaparecida Agencia Federal de Investigaciones (AFI), durante un operativo de decomiso de mercancía apócrifa realizado en el tianguis de Santiago Mezquititlán, en el municipio queretano de Amealco. Si no fuera tan indignante (les dieron 21 años de cárcel), por ridículo el asunto debería causar risa. ¿De qué clase de agentes estamos hablando que tres mujeres indígenas fueron capaces de secuestrarlos? Por eso prefiero a los malos. Cuando menos puedes decir que los secuestraste en defensa propia.

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