Archive for the 'Family business' Category

La insoportable tecnodependencia

Estoy de vacaciones en el país más bello del mundo, aprovechando que mi primogénita se instala aquí con propósitos de estudio (¿por qué yo no fui mi hija?) y desde que salí de México no he estado más de 12 horas desconectada –la duración del vuelo en todo caso–.  La ansiedad de la incomunicación y las ganas de gritarle al mundo que estás pasándola de pocastuercas son más fuertes que la necesidad de bajar el ritmo y disfrutar el ocio. ¿Es éste un nuevo tipo de codepedencia?

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Me escapé de un retén

El viernes pasado me escapé de un retén. Para ser precisa, un tipo uniformado en color azul intentó detenerme en el retén que por muchos meses estuvo establecido en Ejército Nacional y Ferrocarril de Cuernavaca, en los rumbos de Polanco.

No era la primera vez, por cierto, que me resistía a este acto arbitrario de detención. Todos los días paso por ese crucero y supongo que el tipo “me traía ganas”. El viernes pasado de plano se me atravesó por delante, pero yo sin siquiera pensarlo me seguí de frente. A menos de 100 metros hay un semáforo y tuve miedo de que me alcanzaran. Pensé que seguro habían tomado nota de las placas y que seguramente estarían esperándome en mi siguiente paso por el lugar. Créame que todo el fin de semana me persiguió el asunto. Mi conciencia y sentido de la responsabilidad me torturaban: por momentos me hacían sentir una prófuga, alguien hubiera sido captada in fraganti pero que hubiera escapado luego de cometer el delito. Cuando esos pensamientos me asaltaban, entonces me recordaba a mi misma que no tenía nada que temer y que ese tipo de retenes no deberían existir en un país donde se supone que hay garantías individuales y libre circulación. Pensé todo el fin de semana en la forma en que tendría que evadir el dichoso retén (el crucero está muy cerca de oficina) y terminé teniendo pesadillas.

En eso estaba cuando abro el periódico el domingo y comienzo a ver decenas de esquelas en torno a la familia Martí. Fue sin embargo hasta el día siguiente, el pasado lunes 4 de agosto, cuando supe la brutal forma en que el pequeño Fernando había muerto. Pasé una vez más cerca del retén, en otro coche, y ya no sólo estaban los uniformados de azul sino también un camión lleno de soldados en camuflaje y portando armas. Por fortuna, no parecía que estuvieran deteniendo vehículos.

El martes escuché al flamante director de la policía capitalina, Manuel Mondragón, declarando en entrevista radiofónica que había girado instrucciones para que desaparecieran todos los retenes. (Fue así que detuvieron, simulando uno de éstos, al niño Fernando Martí y su escolta.) Yo, por si las dudas, sigo sin pasar por el dichoso crucero. ¿Hasta cuándo vamos a vivir en esta paranoia? ¿Cuánto más podemos tolerar?

Mind the gap: latest trip to London

While I was moving around London last week in the tube (subway, for the rest of us), all I kept thinking about was “minding the gap”. It was not just the gap between the train and the platform at some of the stations which I was thinking of, but all those gaps that exist between us and other people, countries, ideologies, etcetera.

For example, there is a gap between my son and me. After a year living in London, he is now a different person from the teenage boy who left home to live abroad by himself. There is a gap now that will help him become a better citizen of the world, as opposed to those youngsters who haven’t had the opportunity to travel or live abroad.

There is a gap between my generation and my children’s, just as I realize how different (and difficult) it was in my adolescence to move around, communicate and insert you in a somewhat closed society. Now, people become part of a multicultural and flat world where the Internet and social networks keep you in touch with friends and family, no matter where you are. Mobility has never been so great!

This was my second visit to Emilio in London in less than a year, just because I probably mind the gap too much, a gap created by his physical absence that feels wider and wider as days passed by. Even if I can get in touch with him through web calls via Skype, or cell phone and e-mail, I needed to kiss and hug him.

So I wonder: How could my mother make it through the year I spent in Italy in the mid 70’s? We spoke only twice by phone in 12 months! And she didn’t have the opportunity to visit me, probably because plane tickets were unaffordable to most people. This is certainly a wider gap than the one I am now experiencing with my children’s generation. I wrote letters to all my friends in Mexico, my mom and my dear yaya (my grandmother), and I had to wait almost a month to get a response. This is now unthinkable to the kids that were born with cheap telephone calls and instant messaging.

So these and other gaps plagued my brain while listening to the endless loop in the tube: mind the gap. There are so many gaps to mind about for those that don’t have as many opportunities to become citizens of the world…and among them the vast majority of Mexicans. This is a real gap that we all have to mind about.

Hielo en el Bosque de Tlalpan

Regreso de Orlando y me encuentro con la creciente y justificada indignación de mis compañeros corredores del Bosque de Tlalpan ante la intención del gobierno del Distrito Federal de instalar ahí, en esa zona ecológica protegida, en forma permanente la pista de hielo que ocupó el Zócalo.

Yo soy corredora aficionada y en buena medida le debo al Bosque de Tlalpan y a mis amigos corredores los tres maratones que he completado. Es un privilegio contar con una zona natural protegida al sur de la ciudad, pero quienes no practican ninguna actividad deportiva parecen ignorarlo. Yo quisiera invitar respetuosamente al señor delegado en Tlapan, el C.P. Guillermo Sánchez Torres, a que recorra el Bosque y experimente por sí mismo la delicia de respirar en la montaña y de disfrutar de un pedacito de naturaleza enmedio del asfalto.

no pista de hieloSé que el señor Sánchez Torres quiere complacer a otros segmentos de la población y por eso ha iniciado una serie de conciertos de rock en el Bosque, quizá sin medir las consecuencias en términos de todo tipo de contaminación (desechos inorgánicos, orgánicos, contaminación visual y auditiva) que esto implica.

Yo quisiera invitarlo también a que platique con la Asociación de Corredores del Bosque de Tlapan, con sus más de 10,000 asociados, para que conozca las muchas acciones que han llevado a cabo para la conservación y protección de ese espacio, como ha sido la donación de más de $2.5 millones de pesos al Fideicomiso de Tlalpan, además de diversas actividades que cotidianamente ejecutan sus miembros a favor del deporte y la salud.
El propio gobierno del Distrito Federal decretó esta área como zona ecológica protegida, por lo que yo espero que el señor delegado Sánchez Torres aplique el reglamento y ejerza la autoridad.

Si desea ponerse en contacto con nosotros, puede hacerlo por esta vía. Lo mismo Usted, querido lector, si es corredor y quiere apoyarnos para que protejamos las pocas áreas verdes que aún quedan en la ciudad de México, lo invito a que me deje un comentario.

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