Gerardo Jiménez Sánchez

En menos de 15 años será posible que llevemos nuestro genoma en un chip. ¿Para qué? Para que el médico prevenga las enfermedades a las que uno está predispuesto, tales como diabetes, cáncer, obesidad o enfermedades cardíacas.

La semana pasada estuve en el Instituto Nacional de Medicina Genómica (Inmegen) platicando con el brillante doctor Gerardo Jiménez Sánchez, su fundador y director general.La entrevista no podría haber sido más apasionante, pues estamos hablando de que la era genómica ha abierto la posibilidad de que los mexicanos podamos tener una atención médica individualizada, preventiva y predictiva. Gracias a la nueva tecnología de secuenciadores y a su disminución en costo, hoy es posible tener el propio genoma en siete días (en una corrida, estas máquinas arrojar dos terabytes de datos). Sin embargo, tendrán que pasar todavía unos 15 años para que individuos como Usted o como yo podamos pagar el costo de descifrar nuestro mapa genético individual y llevarlo en un chip. El costo ha pasado de $10 dólares por letra a principios de los tan sólo 0.07 centavos de dólar…¡pero son 3,000 millones de letras.

El reto en realidad no es almacenarlo en un USB, sino encontrar qué letras del genoma están asociadas a qué enfermedades. Al mismo tiempo, se tiene que proveer una interfaz gráfica amigable para que los proveedores de salud puedan hacer uso de esa información.

La secuenciación del genoma humano abrió la era genómica. El genoma humano es el equivalente a nuestro sistema operativo, es como un manual de instrucciones del cuerpo humano. Este manual está escrito con 3,000 millones de letras, compuestas por tan solo cuatro: AGTC. Éstas se organizan en una forma particular para dar un orden preciso. “Así como en el idioma español puedes escribir el Quijote o la Sección Amarilla, el orden puede afectar una instrucción que resulte fatal, como muerte en útero, acción adversa a los fármacos, obesidad, etcétera. Cada letra cuenta y el orden cuenta”, me explicó Gerardo Jiménez Sánchez. Los párrafos dentro del texto, así pues, dan una orden precisa. La orden está escrita en párrafos largos o cortos. Ya podrá usted imaginar que leer cualquier texto de 3,000 millones de letras no sería posible en Word o Excel. Requiere sin duda tecnología.

En menos de 10 meses se espera que inauguren finalmente el edificio que albergará el Inmegen, una modernísima construcción ubicada en Periférico Sur y Viaducto Tlalpan, fácilmente identificable por una enorme escultura morada que simula la cadena de ADN. Hoy, el Instituto opera muy cerca de ahí, también sobre Periférico Sur, en las antiguas oficinas de Canon. Pero para saber más sobre la tecnología que emplea y las grandes posibilidades que se abrirán a partir del conocimiento del genoma de los mexicanos, no se pierda la edición de abril de InformationWeek México.